Thursday, 24 September 2026

El rio Glorieta - Nido del águila

 - 1 de octubre de 2009 - 

Nos proponemos subir por un sendero que sigue el curso del río Glorieta hacia su nacimiento. El punto de partida es Alcover, pueblo situado a los pies de las montañas de Prades, provincia de Tarragona, en la vertiente que da al mar.

A pocos kilómetros de Alcover se encuentra la ermita de Les Virtuts, y un poco más allá han habilitado un gran aparcamiento en donde hay que dejar los coches. 

El camino es largo y poco empinado en este primer tramo del paseo. Se tarda más de una hora en llegar a una hermosa cascada que se llama Niu de l'Àliga.

El cielo se refleja en la superficie del agua.  


Cuando el río se esconde entre los árboles, aún podemos escuchar el ruido del agua saltarina. 


Un letrero nos informa de que atravesamos una zona de encinar, junto con otras plantas que forman parte de este bosque, como el brezo blanco (Erica Arborea, bruc boal en catalán), que abunda en este lugar. El brezo blanco tiene matas altas que se llenan de florecicas blancas. 

En el sotobosque encontramos sobre todo helechos, plantas primitivas sin flores, que se reproducen por esporas. Aquí se dan bien porque gozan de sombra espesa y humedad ambiental. Son el helecho rojo (Asplenium trichomanes), el adianto negro (Asplenium adiantum-nigrum) y el polipodio (Polypodium vulgare).

La humedad favorece asimismo el crecimiento de la hierba de San Roberto (Geranium robertianum) y de la ombliguera (Umbilicus pendulinus, orella de monjo en catalán).

Aunque el camino está poblado de letreros, me cuesta reconocer las plantas reales. Por ejemplo, ¿a qué árbol pertenece esta rama? Me resulta familiar... ¿Qué es? Para eso soy un desastre.

   

¿Qué árbol es?

Caminamos tranquilamente, inmersos en el paisaje que nos rodea, gozando de los olores y los sonidos que percibimos.

Antigua plantación de avellanos

Nos explica el siguiente letrero que en este lugar el bosque ha ido engullendo una antigua plantación de avellanos. 


Entre los avellanos vemos crecer con fuerza los pinos carrascos (Pinus halepensis), que ya les han superado en altura.

Aparte de la encina que caracteriza esta zona, crecen también el madroño (Arbutus unedo), con sus bayas rojas comestibles, la adelfilla (Bupleurum fruticosum) y el durillo (Viburnum tinus).

Los espacios soleados que quedan entre los árboles los aprovechan la estepa blanca (Cistus albidus) y la boja blanca (Dorycnium pentaphyllum, botja d'escombres en catalán), mientras que la madreselva mediterránea (Lonicera implexa) trepa por las plantas

Por el camino encontramos cerezas de pastor (así se llaman las bayas del madroño en esta tierra), pero todavía no han madurado lo suficiente. ¿Las habéis probado alguna vez? Son muy dulces y contienen vitamina C.  

     

Cerezas de pastor

Algunas cerezas se han caído del árbol y ahí están, debajo del agua, en el fondo. 

Algunas cerezas en el fondo del agua

 Otro letrero señala el lugar de un gran roble de hoja pequeña (Quercus faginea subsp. faginea). 

      

Roble versus encina

Dice que el roble se distingue de las encinas que lo rodean por sus hojas, que son caducas y además verdes por las dos caras y algo más grandes. Los pájaros que se posan en sus ramas son el carbonero garrapinos (Parus ater) y la paloma torcaz (Columba palumbus), que es una paloma salvaje de mayor tamaño que la de ciudad. Y el sotobosque está lleno de durillos (Vibumum tinus), arbusto de hojas grandes con flores blancas y bayas azules. El letrero no lo dice, pero también hay higueras.


Es media mañana y comemos unos cuantos higos. Están en su punto.

Un nuevo letrero nos explica que entre los arbustos del encinar destacan el aladierno (Rhamnus alaternus) y el aladierno falso (Phyllirea latifolia), ambos de hoja perenne. 

Por lo visto hay ardillas rojas (Sciurus vulgaris) que se suben a los pinos y se alimentan de las semillas de las piñas (que en este caso no son los conocidos piñones que solemos comer los humanos, porque estos pinos no son piñoneros, sino carrascos). Y por el suelo corre el ratón de campo (Apodemus sylvaticus), buscando con qué alimentarse. 


Las niñas se cansan. Quieren volver al coche. Demasiado tiempo caminando. Habrá que imaginar un juego que las distraiga.

Ya sé, el juego de adivinar una palabra por las letras con que empieza. Las palabras deben representar cosas que hemos visto por el camino.

-Veo una cosa que empieza por A.

-¡Agua!

-No. Después de la A viene una R.

-¡Árbol!

-No. Después de AR viene una E.

-¡Arena!

-¡Sí! Ahora te toca a ti ("ti" era la pequeña).

-Veo una cosa que empieza por O.

-Mmmmm, no se me ocurre nada.

-No vale, tienes que decir algo.

-¿Oscuridad?

-No. Después de la O viene una J.

-¿Ojo?

-No. Después de OJ viene una A, y se acaba la palabra.

-¿Oja? ¿Qué es OJA? 

-Sí, las ojas de los árboles.

-Ah, jajaja. Es que no empieza por O. Se escribe con H, "hoja". 

De este modo, jugando y riendo, sin darnos cuenta de que transcurre el tiempo, llegamos a las primeras cascaditas del río.   

Primeras cascaditas del río

Y aún encontramos otro letrero. Nunca había visto tantos en tan poco trecho.


Este dice que, justo al borde del agua, donde esta discurre con calma, crecen dos plantas características: los berros (Rorippa nasturtium-aquaticum), que son comestibles, aunque algo picantes, y las berzas (Apium nodiflorum). Dice también que hay ratas de agua (Arvícola sapidus). Se alimentan de estas herbáceas abundantes y son hábiles nadadoras de costumbres crepusculares. Menos mal que sus costumbres son crepusculares, porque no me gustaría nada toparme con ellas.

Dentro del río viven muchos invertebrados, pero los más visibles son los zapateros (Gerris lacustris), ya que sus largas patas les permiten mantenerse encima de la superficie del agua.  

Zapateros

El sendero se termina y hay que atravesar el río. No hay vado. Cuando llueve mucho, es imposible pasar al otro lado, donde continúa el camino. Hay grandes piedras dispuestas en el lecho del río que facilitan su travesía. 

Yo soy la única que lleva sandalias. Los otros vienen mejor equipados para caminar, con calcetines y todo. Así que ellos se sirven de las piedras para atravesar, pero a mí me gusta remojarme los pies y paso por el agua. 

Pasando por el agua
Hemos encontrado tantos letreros y resulta que ahora falta uno que señale el paraje más lindo de todos, el Nido del Águila. Incomprensible. Nosotros ya sabemos cómo se llega porque hace varios años lo descubrimos siguiendo las instrucciones que encontramos en internet.  

Niu de l'Àliga

Nos paramos a contemplar la belleza del lugar. Encima de nosotros, las ramas de una higuera. No estamos solos. Alguien se está bañando. 

Alguien se está bañando

¡Qué ganas de meternos en el agua! Aunque sabemos que estará a unos 14 grados. En años anteriores pudimos comprobar su temperatura normal.

Se puede entrar en la gruta atravesando la cascada

Y es que el río nace a tan solo un cuarto de hora más arriba, en Les Fonts del Glorieta, donde el agua mana de las entrañas de la roca. Pero hoy venimos cortos de tiempo y faltos de equipaje. No traemos comida ni traje de baño ni toalla. Tenemos que estar de vuelta en casa a la hora de comer.  

En el camino de regreso nos fijamos en estas bayas rojas.

Bayas rojas 

Son atractivas, pero no sabemos si se pueden comer.

Al cabo de los años he aprendido que se trata de Smilax aspera (zarzaparrilla común). No son venenosas, pero se pueden confundir con otras que sí lo son (Tamus communis). Y vemos también este curioso animalillo. Creo que es una mantis religiosa: 

Mantis religiosa

Se me ha ocurrido que, si os apetece y tenéis tiempo, podéis elegir una planta o un animal de los mencionados en los letreros del itinerario del valle del Glorieta. 

Elegid la planta o animal que más os llame la atención, y buscad una foto en internet, usando su nombre científico, y me publicáis la foto en un comentario. Si tenéis alguna de estas plantas en vuestro jardín o en vuestra zona, pues haced una foto. Y, si queréis, explicadme cómo se planta, se cuida, se mantiene, etc... 

Para simplificaros la tarea, escribo a continuación los nombres en los tres idiomas, científico, castellano y catalán, por ese orden. 

FLORA

Erica arborea - brezo blanco - bruc boal

Asplenium trichomanes - helecho rojo - falzia roja

Asplenium adiantum-nigrum - adianto negro - falzia negra  

Polypodium vulgare - polipodio - polipodi 

Geranium robertianum - hierba de San Roberto o lentino - herba de Sant Robert  

Umbilicus pendulinus - ombligo de venus, ombliguera u oreja de abad - orella de monjo  

Pinus halepensis - pino carrasco o de alepo - pi blanc 

Bupleurum fruticosum - adelfilla - matabou  

Viburnum tinus - durillo o duraznillo - marfull 

Cistus albidus - estepa blanca o jara blanca - estepa blanca

Dorycnium pentaphyllum - boja blanca - botja d'escombres 

Lonicera implexa - madreselva mediterránea - lligabosc mediterrani  

Rhamnus alaternus - aladierno - aladern 

Phyllirea latifolia - aladierna o labiérnago negro - aladern fals  

Rorippa nasturtium-aquaticum - berro - créixens  

Apium nodiflorum - berraza - créixens bords  


FAUNA

Parus ater - carbonero garrapinos - mallerenga petita  

Columba palumbus - paloma torcaz - tudó 

Sciurus vulgaris - ardilla roja - esquirol  

Apodemus sylvaticus - ratón de campo - ratolí de bosc  

Arvícola sapidus - rata de agua - rata d'aigua  

Gerris lacustris - zapatero - sabater


Yo también haré los deberes y pondré la foto de una planta en los comentarios. No importa si nos repetimos.


Wednesday, 23 September 2026

Yo quiero ser yo

Verás,
cuando respondo a un mensaje tuyo,
escribo tal como soy, no me inhibo,
no me sujeto a censuras.

Al terminar mi escrito,
lo repaso poniéndome en tu lugar,
me pregunto cómo te afectará a ti,
aunque te conozco poco para acertar.
 
Si intuyo que puedes interpretarlo de otra manera,
no cambio mi mensaje, no maquillo mis palabras,
no finjo ser otra persona,
la que tú esperas que sea.

Quiero ser yo quien te responde,
no una persona de tu gusto,
no alguien hecha a tu medida.
Yo no soy tu espejo
Somos dos personas distintas,
no somos tú y tu reflejo.
 
Entonces añado un párrafo más
que te proporcione claves de lectura
para interpretar mi mensaje.
Y me adelanto a pedirte disculpas
por si mi respuesta no es de tu agrado, Pascual.

    

 
 *      *      *
 
En la mañana viva,
yo quería ser yo,
Corazón.
 
Y en la tarde caída
quería ser mi voz,
Ruiseñor
 
Federico García Lorca

Ruiseñor común








Monday, 21 September 2026

Te cuento lo que pasó en Lisboa, mi madre

 Voy a decirte algo muy fuerte: no me dio pena la muerte de mi madre. Sentí una especie de alivio.

Mi madre nos pegaba cuando éramos traviesos. No era injusta. No nos pegaba fuerte, pero nos inspiraba cierto temor. Pegaba como muchas madres hacían en aquella época. Sobre todo, quizá, las madres alemanas. Ella no podía soportar que fuésemos quejicas y llorones. 

Y, al morirse ella, pensé: "Ahora nadie nos pegará".

Mi madre

Teníamos tres criadas: una era cocinera, otra (Arminda) nos cuidaba y, junto con la tercera (Lourdes), hacían tareas de la casa. Arminda y Lourdes eran hermanas, muy jovencitas, casi unas niñas. 

Recuerdo bien cuando llegaron, las mirábamos con curiosidad, medio escondidos tras la puerta entreabierta de la cocina. 

Venían de una zona de Portugal cercana a Galicia, Trás-os-Montes, una zona muy pobre y deprimida. Llegaron descalzas y con piojos. Mi madre les puso un producto contra los piojos (agua con vinagre) y les enseñó las tareas de la casa y a cuidar a los niños. 

Y resulta que lo hicieron tan bien, que las queríamos más a ellas que a mi madre, sobre toto a Arminda. Nos encantaba cómo nos lavaba y peinaba, sus manos eran suaves, no nos daba tirones en el pelo.

Arminda

El caso es que cuando murió mi madre, le propusimos a mi padre que se casara con Arminda. Queríamos que ella fuese nuestra madre. Nos parecía lo más lógico.

¿Y sabes qué contestó mi padre? Nunca lo adivinarías... que Arminda era una chica de pueblo y no podía ir con ella a bailar al Casino de Estoril, como hacía con mi madre. 

Porque mi madre se ponía "guapísima", con vestidos largos y llenos de lentejuelas. Nos parecía un hada. 

Sin embargo, insistimos tanto, tanto, tanto, que mi padre decidió que Arminda se sentase con nosotros en la mesa familiar, en lugar de servir. 

Fíjate que Arminda tenía novio ("namorado", decía ella) e incluso le conocíamos. 

Cosas de niños. 

A lo mejor soy algo injusta con las fotos, pues mi madre también sabía sonreír y ser amable.

Mi madre conmigo en la playa

Mi padre no se casó con Arminda. Ellos siempre fueron el señor y la criada. Además de que Arminda tuviese novio, mi padre tuvo una amante. Era su secretaria. Portuguesa. Nosotros la llamábamos "A menina do escritório". Su nombre era Lidia. Nos llevábamos bien con ella. Yo creo que Lidia tenía la esperanza de casarse con mi padre. 

Y unos siete años después del fallecimiento de mi madre, cuando mi padre nos anunció que se volvía a casar y que viviríamos en Madrid, pensamos que era con Lidia.

Pero no. Había conocido a Salomé y se habían enamorado. Me dio pena que dejara a Lidia. 

¿Sabes? Salomé era celosa y rompió todas las fotos en las que aparecía Lidia. No se salvó ni una. Sin embargo, hace unos meses, una sobrina mía me envió un paquete de fotos de familia que no le interesaban, y entre ellas había dos o tres de Lidia. ¡La he recuperado! 

Mi madre era alemana. Vivía en Berlín, aunque había nacido en una ciudad fronteriza entre Polonia y Checoslovaquia, la ciudad de Teschen. Su familia la envió a Londres a los 18 años, supongo que para huir de la guerra, y allí conoció a mi padre: les gustaba jugar a ping-pong, se besaron y se casaron (esa es la historia de amor que nos contaban). 

Luego fueron a vivir a Lisboa. Mientras viajaban en el barco, oían caer las bombas. Tuvieron suerte y no les alcanzó ninguna.
 
En Lisboa nacimos los tres hijos. 

Mi madre enfermó de Leucemia y no pudieron curarla. Murió a los 30 años, fíjate qué joven para morir. Yo tenía 7 años; mis hermanos 6 y 4.
 
Por eso nuestro padre buscó un internado en España para nosotros, pensando que nos educarían bien. Y en Valladolid encontró los dos colegios, el de jesuitas para mis hermanos y el de las teresianas de Ossó para mí.


 


Saturday, 19 September 2026

La casa de les flors blaves




 

Aquestes floretes ningú no se les mira. 

Ningú no té cura d'elles.

Són flors silvestres que creixen soles, 

ningú les ha plantades.

Són bellesa amagada que 

ningú no s'hi para a contemplar




Estan envaint una casa 

que desapareix a poc a poc.

Se la mengen.

Aviat només hi veurem les flors.




Hi viuen ocupes, a la casa, 

però no se'ls veu mai.

S'amaguen.

Que potser tenen por de la planta?




Han passat 18 anys.

La casa ja no hi és.

De debó!

Ha desaparegut!

I no hi ha cap flor.

No es veu la glòria del matí.


Han passat 18 anys.

Els ocupes tampoc no hi són.

Jo sí.

Encara passo pel pont.

Potser no per gaire temps.

Soc velleta.

La velleta del barri,

em diuen.

 

Han urbanitzat la zona. 

Ho han deixat maco.


Ara sé que no són flors silvestres,

no han crescut soles.

Algú les ha plantades.

Són plantes invasives

i s'han escapat d'un jardí,

envaint la casa

i se l'han menjada.


El seu nom és Ipomoea,

Glòria del matí.


La casa només es veu des del viaducte de Vallacarca.

Vaig fer les fotos la setmana passada,

l'1 de Juliol...

... de fa 18 anys.



Thursday, 17 September 2026

Rafa, mi amigo astrólogo

 

Pintura de Gustav Klimt: "El Abrazo"

Rafa me acababa de decir que no nos veríamos más.

Lo acepté enseguida.

Pero me había cogido por sorpresa.

No estaba preparada.

Era mi amigo.

Nos veíamos un día a la semana.

Ese día sus abrazos eran para mí.

Y se habían acabado.


No tenía ganas de estar sola esa noche.

¿A quién podía llamar?

Me acordé de Pere.

Pere me gustaba, con sus facciones infantiles.

Me dijo que podía ir.

Al entrar me condujo directamente a su habitación.

Yo ya había estado en su casa.

Aunque solo conocía el cuarto de estar.


Pere era arquitecto, y se notaba.

Su estilo era muy personal.


Se subió a la cama.

Era una cama a la que había que subirse.

No te podías sentar en ella y tocar el suelo con los pies.

Nunca había visto una cama tan alta.

Quizá en las películas.


Yo también me subí.

Casi podría decirse que trepé.

A los pies de la cama, en una alta cómoda blanca, un pequeño aparato de televisión, apagado.


La relación que tenía con Pere era superficial.

Solo nos habíamos visto en alguna fiesta.

Estaba casado y tenía una niña preciosa.


Ahora deseaba estar con él.

Para no pensar en Rafa, a quien no vería más.

Le expliqué que ese día me había llevado un disgusto y necesitaba compañía.

Pere me escuchaba, comprensivo.


Se tumbó en la cama.

Yo, sentada con las piernas cruzadas, le iba diciendo lo que se me pasaba por la cabeza.

Me preguntó: ¿Te dedicas al teatro?

Tenía razón, yo estaba gesticulando más de la cuenta.


Sí, estaba haciendo teatro. 

—No, no me dedico al teatro.


Entonces me di cuenta de la situación.

Al verle allí, tumbado, me pregunté si se habría figurado que yo deseaba seducirle.

Y no, nada más lejos de mis intenciones.


Me hubiera encantado un abrazo de Pere.

Un abrazo muy largo, profundo, quieto.

Poder cerrar los ojos y olvidarme de Rafa a quien no iba a ver más.


¿Cómo deshacer el equívoco?

Le pregunté si podía telefonear.

Asintió; el teléfono estaba allí mismo, en la mesita.

Bajé de la cama de un salto.

 

Marqué el número de mi marido.

—¿Puedo dormir esta noche en tu casa?

—Sí, pero ven antes de las 10. Después, cierran el portal.

Colgué y me subí de nuevo a la cama.


Pere me miraba, inquisitivo.

—¿A qué juegas?, quiso saber.

—A nada, Pere, tenía ganas de verte, de estar contigo. Hoy he sufrido un revés y necesitaba tu compañía. No tengo donde dormir esta noche y mi marido me deja ir a su casa.


Seguimos charlando, él tranquilamente tumbado,

yo cambiando de posición,

sentada sobre mis talones,

medio recostada,

me echaba también boca arriba, mirando al techo. 


Me hubiera gustado un abrazo de Pere.

Incluso un beso.

Pero mi libido estaba por los suelos.


Sonó el teléfono.

Pere lo cogió.

Una amiga le invitaba al cine.

Me preguntó si quería acompañarles.

Dije que no.

Ellos quedaron.


Ya era tarde y me despedí.

La casa de mi marido estaba lejos.

Fui andando.


Cenamos.

A mi marido le gusta la cocina macrobiótica.

Había hecho arroz integral, nituké, algunas algas, todo rociado con tamari.

Incluso comimos con palillos.


Había que masticar despacio, mezclar los alimentos con saliva y concentrarse en los sabores. Estaba todo muy bueno.


Puso música. Curiosamente, en música tenemos gustos parecidos.


Hablamos durante más de una hora.

Le expliqué lo de Rafa.

Él le conocía.

Conocía también a Gloria, su mujer.

Gloria era muy atractiva.

La chica más guapa de Girona.

Tenían cuatro hijos, pequeñitos.


Cuando conocí a Rafa, su mujer le había echado de casa.

Estaban separados. 

Pero ahora Gloria quería que volviese.

Por eso no nos veríamos más.


Mi marido no tenía pareja en ese momento.

Había roto con la anterior.

Me habló también de su trabajo, de sus proyectos.


—¿Dónde quieres que duerma?

Señaló hacia su dormitorio, que daba al comedor.

—¿Y las otras camas?

—Están sin hacer, llenas de trastos.


La habitación era pequeña y la cama estaba pegada al muro.

Me pidió que me pusiera del lado de la pared.

Me acosté en ropa interior.


Al cabo de un rato vino él.

Se metió en la cama desnudo.

Le molestaba dormir con pijama.


Me arrimé a la pared y él ocupó toda la cama, tumbándose boca arriba.

Apagó la luz.


Oía cómo respiraba.

Parecía estar haciendo ejercicios de relajación.

Yo intentaba dejar un espacio entre los dos, arrimándome más al tabique.

Pero él, imperceptiblemente, se acercaba cada vez más.

Y yo procuraba separarme.


Ya estaba prácticamente empotrada.

Seguían los ejercicios respiratorios.


—¿Puedo irme a dormir a otra cama?

—No hay más camas.

Yo sabía que sí.

—Es que no puedo dormir, no tengo sitio, no cabemos los dos.


Resopló, como quien se enoja.

Se dio media vuelta y se puso a dormir de lado.

Cesaron los ejercicios de relajación.

Ahora respiraba suavemente, se había dormido.


Yo ya no vería más a Rafa.

Sus abrazos ya no serían para mí un día a la semana.

Me dolía.

Dolor pasajero.

Suspiré.

Me dormí.




Pensaba que amaba la verdad

A mediados de junio plantábamos nuestra tienda en el camping L'Ombra, Llançà. Y no la recogíamos hasta principios de octubre.

Era una tienda típica, azul y naranja, para 4 personas. Éramos tres.



Yo dormía en medio, un hijo a cada lado, para que no se pelearan.
Por las noches, ya estirados en los sacos de dormir, armados de una linterna,
les leía un libro. Me gustaba leer en voz alta. Si había diálogos, yo hacía
voces según los personajes, imitando las de alguna serie de televisión
para niños. Hasta a mí me entraba la risa al escucharme.

No sé conducir. Para ir de Girona a Llançà, cogíamos el tren. Son unos 45 km, creo. El día que íbamos a plantar la tienda o a recogerla, mi marido se prestaba amablemente a llevarnos con su coche. Venía a buscarnos desde Barcelona, donde vivía con Adriana.

Hacía ya años que vivíamos separados, yo en Girona, él en Barcelona.
Yo tenía otra tienda del mismo estilo, los mismos colores, pero pequeñita, para dos plazas. La plantábamos para mi marido y Adriana, y así ellos venían de vez en cuando a estar con los niños, que ya eran adolescentes.

Adriana era argentina y estudiaba arquitectura en Barcelona.
No entendía algunas cosas de matemáticas y yo le daba clases.
Ese verano mi marido se fue a pasar unos meses a Estados Unidos.
Adriana se venía a Llançà a pasar los fines de semana con nosotros.
No le gustaba estar sola en Barcelona y le hacíamos sitio en nuestra tienda.

En el bar del camping, la presentaba a los conocidos diciendo: "La novia de mi marido". Me fijaba luego en sus caras, me preguntaba qué pensarían
y me reía por dentro. Jugaba a "épater les bourgeois", de difícil traducción.

Cerca del camping estaba nuestro lugar favorito, donde nos bañábamos. Era
un lugar entre rocas, igual que una piscina natural.

Piscina natural en Llançà

Podíamos nadar dentro, pero también salir a mar abierto por los extremos. 
A mis hijos les gustaba bucear y coger erizos en el fondo. Abríamos los erizos hembra y nos comíamos las huevas, allí mismo, en las rocas. No es muy ecológico, pero en aquella época (entre 1975 y 1981) no estábamos concienciados. 

Comiendo huevas de erizo de mar

Uno de nuestros mayores placeres era bañarnos de noche en el mar. Por favor, no os muráis sin antes haber disfrutado de este placer. Tiene que ser noche cerrada. Mejor una noche muy tranquila, el mar en calma.

Veréis una maravilla: dejaréis una estela luminiscente. De vuestras manos surgirán estrellas titilantes. Os sentiréis como Campanita en Peter Pan, con sus polvitos mágicos. Es el plancton fluorescente que se hace visible.

La luna salía por el horizonte entre el mar y el cielo e íbamos a esperarla. Nuestra música favorita era "Let us cling together" de los Queen.
 
Teo torriatte konomama iko
Aisuruhito yo
Shizukana yoi ni
Hikario tomoshi
Itoshiki oshieo idaki

 Let us cling together as the years go by
Oh my love my love
In the quiet of the night
Let our candle always burn
Let us never lose the lessons we have learned

Unámonos a medida que pasan los años
Oh mi amor, mi amor
En la tranquilidad de la noche
Que nuestras velas estén siempre encendidas
Que nunca perdamos las lecciones que hemos aprendido

Imaginaos una fogata en la arena de la playa en medio de la noche.
Todos sentados alrededor, bien juntos, sin dejar resquicios.
Notamos la presencia y el calor del otro, pegado a nuestro lado.
No hacen falta palabras para sentirnos todos unidos, integrados.
Y cantamos.

La canción: Teo torriate
El estribillo 
se repite varias veces: la primera en el minuto 1:30, en inglés y en japonés; la segunda, en el minuto 3, en japonés; y la tercera, en el minuto 4, con coros en inglés.

Cuando había tramontana, viento frío y seco del norte que sopla a menudo en aquella zona, la piscina natural se transformaba. El agua parecía entrar en ebullición. 

Nos agarrábamos a las rocas. Las olas chocaban contra ellas y nos rociaban con fuerza. Riendo, nos dejábamos arrastrar por las olas rotas, y quedábamos sumergidos en el tumulto de las aguas. En el fondo chocábamos unos con otros, y volvíamos a la superficie para otra vez agarrarnos a las rocas. Este era otro gran placer.
 
Una tarde caminábamos por las rocas.
El día era plácido, no había viento, no hacía frío ni calor.
Caminábamos en silencio los tres, yo en medio, ellos, uno a cada lado.
Cada uno ocupado con sus pensamientos.

Alicia y yo en la playa de Llançà en 1981 

Yo iba pensando en la verdad.
Pensaba que amaba la verdad.
Que siempre había buscado la verdad.
Que había intentado no engañarme ni engañar a otros.

De pronto, oigo la voz de Alicia:
- Mamá, de pequeña me dijiste una mentira -

En una fracción de segundo se agolparon en mi mente mil pensamientos: ¡Qué frase tan oportuna! Alicia no sabía en qué estaba pensando yo.

¿Solo una mentira?  
Mi hija solo me reprochaba una mentira.

Ante mí desfilaron las innumerables mentiras que yo había dicho en mi vida.
No solo mentiras, sino también fingimientos e hipocresías.

Un momento antes yo creía que siempre había amado la verdad y mi hija estaba allí, a mi lado, para recordarme mis mentiras.

- ¿Qué mentira te dije, Alicia?
- Me dijiste que para cazar una rana había que ponerse una gorra de visera al revés, y no es verdad.

¡Con qué ganas me reí!
- Pero Alicia, claro que no era verdad, era un chiste.

He buscado la historieta por Internet:
CÓMO CAZAR RANAS
Localizas la charca y esperas a que se haga de noche. Te calas una gorra de visera del revés, con la visera en la nuca, y te vas aproximando a la charca. Las ranas, que solo salen cuando no hay peligro, creen que te alejas, salen de debajo del agua y esa es la ocasión perfecta para atraparlas.



 

Wednesday, 16 September 2026

Playa de Saint Jean de Luz - El chico de la orilla

 Esta soy yo a los 11 años, junto con mis dos hermanos:

Nosotros tres en Valladolid

El uniforme era marrón oscuro. Lo llevé de los 9 a los 13 años, mientras estuve interna en Valladolid. 

En realidad llevaba gafas, redondas, doradas, como las de los Beatles. Mi padre quiso que me las quitara para salir más guapa en la foto.

Yo era muy tímida y algo acomplejada, porque cuando llegué al colegio no sabía hablar castellano ni tampoco conocía nada de la historia y la geografía de España. Todo lo tuve que aprender de cero.

Recuerdo la primera vez que, asombrada, oí cantar los ríos de memoria:

          "El Miño nace en Fuente Miña,
           provincia de Lugo, 
           pasa por Lugo, Orense y Tuy,
           y desemboca en el Océano Atlántico
           por La Guardia".

Ese fue el único río que me aprendí. Era el más corto. El Duero, el Tajo, el Guadiana, el Guadalquivir y el Ebro, nunca me entraron. Y mis compañeras los recitaban incluso con los afluentes. Ni me entraron los reyes godos, aquella lista interminable: Ataúlfo...

Los he ido a buscar en Internet:

- Ataúlfo - Sigerico - Walia - Teodorico(I) - Turismundo - Teodorico(II) - Alarico
- Gesaleico - Amalarico - Teudis - Teudiselo - Agila - Atanagildo - Liuva(I)
- Leovigildo - Recaredo(I) - Liuva(II) - Witerico - Gundemaro - Sisebuto
- Recaredo(II) - Suintila - Sisenando - Chintila - Tulga - Chindasvinto
- Recesvinto - Wamba - Ervigio - Egica - Witiza y Rodrigo.


Con esa misma cantinela, mis 2 hermanos, internos en el colegio San José de los jesuitas, me enseñaron la lista de futbolistas del Real Valladolid:

Saso, Matito, Lesmes I, Lesmes II, Ortega, Lasala...

He encontrado varias referencias a la lista en Internet. Era por el año 1953.

Tampoco me pude aprender nunca las letanías de la Virgen. ¿Os acordáis?

... Mater Amabilis, ora pro nobis, Mater Adorabilis, ora pro nobis...

Todas las niñas se las sabían menos yo. ¡Qué vergüenza! Las niñas se burlaban un poco de mí, sin mala intención. 

Hicimos una excursión a Lourdes. Al volver nos paramos en Saint Jean de Luz y bajamos a la playa.

Playa de Saint Jean de Luz

Era un día así, frío y nublado. 
Nosotras nos sentamos en la arena, formando una fila paralela a la orilla del mar. Yo estaba más o menos hacia la mitad, ni muy a la izquierda, ni muy a la derecha. Miraba el mar.

Las dos monjas que nos cuidaban se sentaron algo apartadas.

Yo oía a las niñas reírse, por lo bajinis, para que las monjas no se dieran cuenta.
-¿De qué os reís?-, les pregunté.
Me señalaron con la mirada hacia el mar.  
Vi a un chico caminando por la orilla.
Dejé de interesarme, porque aún era pequeña y no le veía la gracia.

Las risitas se intensificaron.
El chico venía hacia nosotras.
Llegó por la izquierda y recorrió toda la fila de niñas, como quien pasa revista.
Nos miraba atentamente, una por una.
Todas las cabezas giraban a medida que él pasaba, como giran los girasoles al paso del sol.
Llegó al final de la fila.
Dio la vuelta y empezó a andar en sentido contrario.
De pronto, se acercó a mí.
¡A mí!

Me tendió la mano, abierta, la palma hacia arriba.
Tenía una piedrecita plana, ovalada, color nácar.
Seguramente la había hallado en la arena, al borde del mar.
Miré la piedra y luego le miré a él, asintiendo, como quien dice:
-Vale, la veo...
Pero él no retiró la mano, e insistió con un movimiento hasta que cogí la piedrecita.
Entonces se fue.
Todas las niñas se levantaron y me rodearon curiosas y admiradas.
Querían ver qué me había regalado el chico que caminaba por la orilla.
La piedra tenía una inscripción en forma de espiral.

Ojo de Santa Lucía

Al cabo de los años me enteré de que, en realidad, no era una piedra sino la tapa de un determinado caracol marino. La llaman "Ojo de Santa Lucía". 
 
¡Fue un gesto tan importante para mí...!
Me ha acompañado durante toda la vida.

Guardé la piedra hasta que me casé, a los 22 años. Después la perdí. Pero encontré otras en playas que visitaba, por ejemplo, en Llançà. Las guardaba en un frasco de cristal. Y las iba regalando a personas amigas. Mi amigo Rafa, el astrólogo, se la engastó en un anillo. 
 
El chico de la orilla nunca lo sabrá.