Friday, 16 October 2026

Sucedió en el pueblo

Hace 20 años, en un pueblo catalán, cuyo nombre no quiero desvelar, estábamos rehabilitando una casa antigua. 

En esta habitación de la primera planta, me encargué de rascar las vigas de madera que habían sido pintadas.

Rasco las vigas de madera

Vestida con ropa de trabajo, el pelo protegido con una tela oscura, me encaramaba a una escalera con un cepillo de púas blandas apropiado para la madera.

Cepillo de púas metálicas blandas

No utilizaba mascarilla ni gafas protectoras porque me molestaban, así que todo el polvo me caía sobre la cara, pero nunca me hizo daño en los ojos ni en los pulmones.

Una vez libres de la pintura vieja, vimos que las vigas estaban llenas de agujeritos debido a la carcoma... Por lo tanto, tuvimos que combatirla con un producto anticarcoma. Lo comprábamos en grandes latas

Lata de producto anticarcoma

y lo aplicábamos con brochas redondas igual que si fuese pintura.

La lata de la foto es de un producto anticarcoma "al agua", es decir, las brochas se limpian con agua. Pero en aquella época este tipo de productos solo se fabricaba con disolvente y había que limpiar las brochas con aguarrás. Era muy desagradable. 

Un pintor profesional me aconsejó que comprase brochas baratas y las tirase después de usar, en vez de limpiarlas. 

Brocha

Embadurnábamos toda la madera hasta impregnarla completamente,

Embadurno las vigas con producto anticarcoma

y luego dejábamos que se secase con la habitación cerrada durante una semana. 

Al cabo de ese tiempo volvíamos a aplicar el mismo tratamiento, y así hasta tres veces. No hemos barnizado las vigas por si volvía a aparecer carcoma.

Las vigas han quedado bien saneadas y la carcoma no se ha reproducido.

No solo me ocupé de las vigas, sino también de corregir con yeso las imperfecciones de las bovedillas entre cada dos vigas. Pinté asimismo la puerta del balcón con esmalte (entonces también al disolvente).  

Mi hijo se encargó de lo más difícil: las paredes, el suelo del balcón, que estaba muy deteriorado, el cableado eléctrico y, lo más terrible de todo: el acceso a la habitación desde el resto de la casa. 

Para ello hubo que perforar el suelo y el techo entre dos vigas con el fin de comunicar con la habitación inferior y la superior. 

El carpintero del pueblo, Pere, nos construyó y colocó escaleras estrechas de madera de pino. También las barnicé. Han quedado muy bien y sólidas. Los agujeros del suelo y del techo se tapan con trampillas de madera que hizo mi hijo.

Todo esto sucedió hace 20 años, en el 2006. Entonces no podíamos ni imaginar que nacerían dos niños, mis nietos, hijos de mi hijo y su mujer, a quien él aún no conocía. Los niños ahora tienen 9 y 7 años, respectivamente.
 
En esta habitación, en esta enorme cama (cama de plaza junto a cama de matrimonio), cuyo aspecto actual es el siguiente:
 
Habitación, septiembre de 2026 

es donde duermen los cuatro, los padres y ambos niños, cuando vamos al pueblo.

Para los pequeños es una habitación fantástica y acogedora. Cada mueble tiene su historia: la estrella-lámpara que cuelga del techo era de mi marido; el armario y el canterano, de mi suegra; hay una mesa escritorio antigua (apenas se ve en la foto) que heredamos de mi suegro y ahora es donde está el ordenador para poder teletrabajar desde el pueblo.

Todos estos muebles antiguos de madera también los traté con producto anticarcoma.

Las sillas las encontramos en la calle, eran muebles desechados; asimismo, la cama de plaza es la parte superior de una litera muy nueva que encontramos
desechada en una calle de Barcelona.

Cuando recuerdo todos estos trabajos que fui capaz de llevar a cabo, me parece imposible. Ahora ni siquiera me atrevo a subirme a una escalera de mano. 


Monday, 12 October 2026

Sucedió en Lisboa: Diane

En el colegio francés, una de mis compañeras se llamaba Diane. Llevaba trenzas.

Diane

Tanto a Diane como a mí nos gustaba muchísimo la clase de dibujo. Ambas sacábamos muy buena nota. 

Nos enzarzamos en una discusión sobre quién de las dos era la mejor, si ella o yo (cosas de crías). Diane me propuso que, el próximo lunes, trajésemos un dibujo hecho en casa sobre el mismo tema y entonces compararíamos nuestros trabajos. 

Las dos leíamos asiduamente un libro con láminas preciosas:

Libro que nos gustaba leer

y leíamos también las demás aventuras de Sophie de la colección. 

Para nuestro dibujo elegimos esta imagen de Paul, que era el primo de Sophie:

Paul

Ese fin de semana me esmeré dibujando a Paul. Lo hice en media cuartilla blanca y lo coloreé con lápices de la marca suiza Caran d'Ache, considerados de la más alta calidad. Me quedé muy orgullosa del resultado obtenido.

Cuando llegó el lunes, Diane sacó un pliego con su dibujo pintado a acuarela. Me quedé boquiabierta contemplándolo. 

Estaba tan admirada que no me atreví a mostrarle el mío; dije que se me había olvidado. Ella me explicó que tenía una profesora particular de dibujo. Y ya nunca volvimos a retarnos.

Un día, Arminda, mi criada preferida, me preguntó si tenía una princesa en mi clase. Yo evoqué las imágenes de princesas que había visto en los cuentos:

Princesa

y respondí que no, ninguna niña de mi clase llevaba corona ni tenía aspecto de princesa.

Hacia final de curso, Diane nos invitó a Colette, a Dominique, al niño cuyo nombre no recuerdo y a mí a merendar en su casa. 

Entonces mi madre me explicó que Diane era la princesa d'Orléans. Y se afanó en darme recomendaciones de cómo debía comportarme en su casa. 

Sabiendo que yo era bastante glotona, me enseñó algunas reglas de etiqueta: que no debía poner los codos sobre la mesa, ni hablar con la boca llena, ni comer deprisa, ni pedir más, ni lamer el plato si algo me gustaba mucho. Que incluso era mejor dejar un pequeño resto en el plato, pues era una forma elegante de decir que en nuestra casa también comíamos bien.

Actualmente lo que se considera correcto es comer hasta el último bocado que nos han preparado, como muestra de agradecimiento a la persona que se esforzó en cocinar para nosotros.

La residencia principal de la familia durante su exilio en Portugal fue la Quinta do Anjinho, en Sintra, a unos 30 km de Lisboa. 

Quinta do Anjinho

Ya en la mansión de Diane, nos enseñaron las joyas de la familia, en vitrinas de cristal. Me aburrió bastante, porque, ¿qué pueden interesarle las joyas a una niña de 7 años? 
 
Después merendamos en una mesa enorme, con muchos niños.

Finalizada la merienda, salimos a correr y saltar en el bosque circundante. Diane nos presentó con cariño a su nuevo hermano, Thibaut, que debía de tener año y medio y jugueteaba en el jardín.

Bosque circundante

Por último estuvimos en una vasta sala de juegos en la que había un gran baúl repleto de disfraces. Eso sí que fue divertido, disfrazarnos, lo que más me gustó.



Pasó mucho tiempo, y Diane se convirtió en una célebre pintora y escultora. Tiene asimismo obras de cerámica, moda, artesanía y diseño de muñecas... Como suele suceder, su estilo no gusta a todo el mundo, pero tiene sus fans.

Diane con un cuadro

Escultura de Diane

Diane con muñecas diseñadas por ella
 

La princesa Diane (con corona en esta foto) se casó muy joven con el duque alemán Carl von Württemberg. 

Diane el día de su boda

Se fue a vivir en su castillo de Alemania y ha tenido 6 hijos y 16 nietos.

Hoy es viuda, tiene 86 años y vive en Felanitx, Mallorca.

El día 8 de abril de 2024, creó la Fundación D.Diane, sin ánimo de lucro, constituida en Palma de Mallorca, siendo los patronos su alteza real doña Diane duquesa de Württemberg, princesa de Orleans, presidenta; don José Pomar Pomar, vicepresidente; don Francisco Egea Moreno, vicepresidente segundo, y doña Rosa María Chico Villoria, secretaria.

La misión principal de la Fundación D.Diane es realizar proyectos para ayudar a la infancia, sobre todo a menores pertenecientes a ámbitos de rentas bajas y en riesgo de exclusión social, así como a personas mayores que, por sus rentas, precisen ayuda para su mantenimiento.

Diane, proyectos para ayudar a la infancia 

ENLACES:

Foto de la familia completa (padres y 11 hermanos) cuando vivían exiliados en Sintra (Portugal). Diane está sentada en el suelo a la derecha de la foto y lleva dos largas trenzas. El pequeño sentado a su lado es Thibaut, el menor de los hermanos.

Diane, sus padres y sus 10 hermanos


Tuesday, 6 October 2026

Sucedió en Lisboa: el señor de los dientes de oro

Mi colegio estaba en una calleja estrecha, paralela a la Praça dos Restauradores, a la derecha si se mira hacia la Avenida da Libertade.

Praça dos restauradores

Era un colegio francés, niños y niñas franceses, profesores franceses, todos hablaban francés de manera natural, salvo yo que no tenía ni idea.

Me pusieron en la clase "Douzième" (12ª), que correspondía a los niños de mi edad, 5 años. Aún no me habían enseñado a leer ni a escribir.

Tan pocos alumnos éramos que solo había dos profesores, que además eran los dueños del colegio: Mademoiselle y Mon Père (sacerdote).

Mademoiselle se ocupaba de los pequeños y Mon Père, de los mayores.

Por lo visto aprendí rápido pues me pasaron pronto a la clase "Onzième" (11ª), para niños de 6 años. Después estuve en la clase "Dixième" (10ª), en la "Neuvième" (9ª), etc. Íbamos subiendo de clase aunque el número de la clase descendía, hasta llegar a "Première" (1ª), según el sistema educativo de esa época en Francia.

El colegio ocupaba un primer piso y había que subir escaleras. Entrabas en un vestíbulo grande y oscuro, sin ventanas. A la derecha, un pasillo llevaba al patio, al que se accedía por un puentecillo. El patio era de grava, y a la derecha había un corral con conejos. Nos quedábamos embobados mirándolos, cómo movían los hocicos al comer hojas de lechuga y zanahorias. 

Conejito comiendo en el corral
 

A la izquierda del vestíbulo se abrían dos puertas, cada una daba a una gran sala luminosa, con un ventanal. La primera era la sala de Mon Père, para los niños mayores, y la segunda, la de Mademoiselle, para los pequeños.

Mi sala tenía varias mesas transversales muy alargadas, que ocupaban todo el ancho de la habitación, dejando un pasillito a ambos lados. Y a cada mesa, con sus bancos de madera, le correspondía una clase. 

Cuando cumplí 7 años, mi clase era la de los mayores de la sala de Mademoiselle, y éramos 5 alumnos, tres niñas: Colette, Diane y yo (me llamaban Mimí), y dos niños: Dominique Laqueue y el otro no me acuerdo cómo se llamaba.

A Colette le pusieron el mote de "Côtelette de beurre", a Dominique, "La queue du chat" y a mí, "Grosse boule", porque era gordita. Diane y el otro niño no tenían motes. 

Mimí

Con Colette hicimos muy buenas migas. Me invitaba a jugar a su casa, y ella venía a la nuestra. 

Mi amiga Colette

En mi clase teníamos un libro de historia cuyos dibujos me encantaban, me pasaba horas mirándolos. Nuestros tres héroes eran Jeanne d'Arc, el rey Louis IX (Saint Louis) y Napoléon Bonaparte. Años más tarde, cuando fui al colegio de Valladolid, me quedé consternada al constatar que Napoleón Bonaparte era considerado el malo de la película.

Lo que más me costaba eran los dictados (en francés, por supuesto). Momentos antes de dictarnos un texto, Mademoiselle nos lo mostraba en un papel, y yo intentaba memorizar cuándo se escribía "et" o "est" (que en español sería la conjunción "y" o el verbo "es"), pues en francés se pronuncia de manera parecida y yo no era capaz de distinguirlos.

Me gustaban mucho las canciones que nos enseñaban, por ejemplo:

- Fais dodo mon petit frère

- J'ai du bon tabac dans ma tabatière

- Meunier tu dors, ton moulin va trop vite


Un día mi madre, después de pedir permiso a Mademoiselle, me había dado una moneda de 1 escudo para que bajase a la papelería a comprar un cuaderno que me faltaba. Era la primera vez que salía a la calle yo sola.

La papelería estaba justo enfrente del colegio, a muy pocos pasos. Encontré cerrada la tienda, así que volví a subir las escaleras del colegio con el escudo en la mano.

Mientras subía, bajaba un señor. Me sonrió. Llevaba un maletín y tenía todos los dientes de oro.

Al pasar por mi lado me pidió un besito (beijinho). No me extrañó porque estaba acostumbrada a que los mayores me dieran besitos. Me paré para que me besara. 

Pero fue un beso muy complicado: me abrazaba, me tocaba los lóbulos de las orejas, me levantaba la falda, me acariciaba las piernas, los muslos...

Yo no sabía qué pensar. Tenía miedo de que quisiera quedarse con el escudo que yo apretaba bien fuerte en el puño cerrado, o que me robase los pendientes... 

Entonces tuve una idea: le di una patada en espinilla con toda mi fuerza. Debió de dolerle porque me soltó en el acto, y yo subí las escaleras corriendo y entré en el colegio. 

Se lo conté a Mademoiselle. Ella se quedó muy preocupada y me pedía los detalles del encuentro con aquel señor. También lo conté en casa, y todos preocupadísimos. Yo insistía en el detalle de los dientes de oro y en que llevaba un maletín. Y que me quería robar el escudo y los pendientes.

Notaba que los mayores, cuando yo explicaba que el señor me quería robar, se entrecruzaban miraditas con un significado incomprensible para mí.   

Al cabo de unos días, mi padre me comunicó que habían puesto policía secreta en la zona.

Pasó un tiempo. Yo ya no pensaba en el incidente.

Y la nueva noticia que me dio mi padre fue que la policía había atrapado al señor de los dientes de oro.


Thursday, 1 October 2026

Madame


Madame,

jolie dame, 

tous ces moments 

vécus avec toi 

resteront à jamais 

dans ma mémoire

- Été 2026 -


Monday, 28 September 2026

Abrazo de niña

 

Extasiada

¿Qué sientes, niña?

— la alegría de la tarde 

   la calidez del sol 

   el roce del aire 


¿Qué ves?

— cielo verde

   hojas de árbol

   sombra de espesura


¿Qué oyes, niña?

— rumor de hojas

   murmullo de agua 

   música de bosque


¿Qué abrazas?

— la inmensidad

   la grandeza

   la infinitud


¿Estás contenta, niña?

— Sí 


(Foto realizada por Josep Burcet Canet hace 18 años)


Saturday, 26 September 2026

L'Argentada - Ola gigantesca de piedra

 Estamos en las inmediaciones de la torre de vigilancia (torre de guaita),

Torre de vigilancia

contemplando el Barranco de la Argentada (conocido también como de la Argentera), que se abre ante nosotros.

El pino de la izquierda está infectado de procesionaria. Se nota por el capullo blanco que envuelve la punta. Eso me apena.

Pino infectado de procesionaria

Observamos la cornisa de piedra que corona la montaña de enfrente. Un poco más abajo, se adivina una pista, casi paralela a la cornisa.

Barranco de la Argentada y pista

Usamos el teleobjetivo para ver la cornisa con mayor detalle.

Cornisa con mayor detalle 

Creemos adivinar una cueva en la cornisa. ¿A ver? Nos acercamos más con el zoom. ¡Sí! Ahora vemos claramente que es una cueva.

Es claramente una cueva

¿Se podrá acceder a ella siguiendo la cornisa? ¿Y cómo subimos hasta la cornisa? Hay un muro de piedra. Yo no sé escalar. Nos fijamos en que, hacia la izquierda, el bosque va subiendo de nivel y se junta con la cornisa. Quizá por ahí encontremos un sendero.

Vamos para allá con el 4 x 4 y aparcamos más o menos a la altura de la cueva. Digo más o menos porque los árboles no permiten ver la cornisa y no sabemos exactamente dónde cae la cueva.

No hay ningún sendero marcado que se adentre por el bosque, así que nos metemos en la espesura.

Espesura

Vamos subiendo por entre los árboles, las piedras y los matorrales.

Matorrales

Yo creía que estas bolas rojas solo se daban en pleno invierno, por Navidad, y ahora estamos en primavera.

Rusco (Ruscus aculeatus) 

Hemos llegado a la base del risco. Para acceder a la cueva, tenemos que subir esta pared de piedra. Caminamos hacia la izquierda, porque el camino va subiendo y quizá llegue a la altura de la cornisa. 

Base del risco

¡Qué flores tan extrañas! Tienen nectarios negros... 

Flores (Euphorbia characias subsp. characias)

Por fin estamos en la cornisa. Seguimos por esta vereda. 

Vereda

Me da un poco de miedo.

Vereda más abrupta

Me vienen imágenes de que tropiezo y caigo por el barranco. Voy despacio y me apoyo con el palo de caminante.

Vemos la cueva a lo lejos.

Ya nos acercamos a la cueva

Unos pasos más y penetramos en ella.

Llegamos a la cueva

Hemos entrado por aquí

Nos sentamos un ratito en su interior.

Interior de la cueva, mirando al frente 

Es curioso cómo cambia un paisaje cuando está enmarcado por la piedra. Ahora vemos la montaña de enfrente. Ahí donde se junta el techo de la cueva con la cima lejana, se adivina la estructura de la torre de vigilancia, desde donde descubrimos este lugar.

La cornisa sigue hacia nuestra izquierda. 

Hacia la izquierda de la cueva

Nos animamos a continuar. A ver hasta dónde nos lleva. 
Avanzamos hasta que el camino se vuelve impracticable para personas que, como yo, no están acostumbradas a escalar montañas.

Camino impracticable

Nos damos la vuelta y contemplamos el recorrido que hemos hecho.

Camino que hemos hecho

Desde aquí, la cueva no se ve, está escondida detrás de los arbolitos.

Para volver, pasamos por una angostura entre una gran piedra y la pared vertical del risco.

Angostura

Paso estrecho entre las rocas

Nos acercamos de nuevo a la cueva.

Nuevo acercamiento

Llegamos a la entrada a la cueva.

Ya vamos a entrar

Desde esta perspectiva, parece una ola de piedra gigantesca a punto de engullirnos.

Nos sentamos ahora a contemplar el Barranco de la Argentada, mientras merendamos.

Barranco de la Argentada desde la cueva

Estamos dentro de la ola petrificada.

Flores de romero

Se oye el zumbido de las abejas libando las flores de romero. 

Y otra vez las extrañas flores, ahora con nectarios escarlata. En una de ellas se ha posado un pequeño insecto.

Más flores de Euphorbia characias subsp. characias, con un insecto

Nos levantamos para volver al punto de partida de la cornisa.

Caminando por ella nos fijamos en una mata de flores que crece en la roca, sin apenas tierra.

Mata de flores rosadas

Me acerco a la mata. 

Flores (Sarcocapnos pulcherrima) 

Me conmuevo... ¿Cómo puede vivir una mata tan bella en este ambiente inhóspito? Aquí hiela en invierno y sopla el viento.

Detalle de las flores rosadas

¡Qué delicadeza de hojas y flores!

Vamos descendiendo. Ahora nos fijamos en una roca con liquen.

Liquen en la roca

El sol está cerca de su ocaso. Pronto se hará de noche.

Puesta de sol