La casa de las 17 mujeres:
Situada en las proximidades de un pueblo de la provincia de Valencia, tenía bastante terreno, vallado. Había pinos, numerosos naranjos, 4 palmeras y dos limoneros. Una parte del terreno se destinaba a huerta, en la que se plantaban acelgas, alcachofas, tomates, etc. La casa constaba de dos pisos, arriba los dormitorios, abajo, la sala de canto, el comedor, la cocina, despensa, sala de costura, lavadero y gran patio interior, en el que estaban las 4 palmeras. También había una sala de reunión, una sala de lectura con biblioteca y un pequeño taller, además de un local de trabajo.
En esta casa viví seis años. Una de las mujeres era Carmen.
Las 17 mujeres de la casa:
1 - Julita: era vasca, fuerte, cara muy dulce. Cuidaba de la huerta y los naranjos.
2 - Agripina: mexicana. Una verdadera manitas. Arreglaba de todo, desde zapatos hasta cualquier aparato eléctrico. Conducía el coche y también el tractor, al que llamaban "la burra".
3 - Teresa: valenciana. Era de las mayores y se estaba quedando sorda, gran inconveniente teniendo en cuenta que era la encargada de tocar el piano para acompañar el canto de las mujeres.
4 - Pilar: vasca, guapa, rápida y enérgica. Tenía la carrera de piano, pero prefería el canto, pues cantaba como los ángeles (a saber cómo cantan los ángeles; acabo de acordarme de tu madre, que cantaba tan bien).
5 - Inma: gallega. Llevaba la batuta de la casa de las 17 mujeres. Decidía qué tareas debía hacer cada una. Padecía osteoporosis.
6 - Nati: valenciana. Cocinera, muy buena por cierto.
7 - América: soriana. La más joven de la casa. Encargada de la despensa. Le gustaba mucho su cometido.
8 - Carmen: valenciana. Era la jefa del grupo de trabajo. Tenía don de mando y organización.
9 - Clara: valenciana. Voluminosa. Llena de manías, que la hacían divertida.
10 - Ángeles: valenciana. Muy rápida en el trabajo. Buen carácter.
11 - Antonia: de Barcelona. Cantaba muy bien la tercera voz (bajos). Tenía la risa floja, si algo le hacía gracia no podía parar y contagiaba.
12 - Conchita: gallega. De las mayores, muy seria y seca. Se dedicaba al ropero y a la costura.
13 - Visitación: valenciana. Seria, estricta. Ayudaba a Inma a llevar la batuta.
14 - Fernanda: ancianita, apenas la conocí.
15 - Isabel: riojana. Se ocupaba de las relaciones interpersonales.
16 - Cari: no sé de dónde era, pero había vivido en Francia durante bastantes años. Ayudaba a Inma y se ocupaba de atender a las visitas. Cogía y llamaba por teléfono.
17 - ¡Ay! No recuerdo quién era la mujer que falta.
Después de un mes de prueba, me dejaron (y yo quise) vivir con ellas. Vinieron más mujeres, se iban al cabo de un tiempo. Una se quedó: Encarnita, de Valencia, con 18 años, voz excepcional y grandes dotes para la música.
El trabajo
Cuando empecé, el trabajo que tenían las mujeres consistía en participar de los quehaceres de una granja colindante de gallinas ponedoras. Nos levantábamos muy temprano, todavía de noche, y, como fantasmas con nuestros delantales, salíamos por una portezuela practicada en nuestro muro para entrar en la granja. Al abrir la puerta era inusitado el cacareo y el olor de las gallinas, que compartían jaulas. Debíamos recoger los huevos que habían puesto. Luego los llevábamos a una cinta transportadora y, cuando pasaban ante cada una de nosotras, descartábamos los defectuosos, separábamos los muy sucios en un tipo de cartón para huevos y los limpios en otro tipo de cartón, y apilábamos los cartones. A continuación, Agripina o Carmen, las más dotadas para trabajar con maquinaria, elevaban con una pequeña grúa las pilas de cartones para colocarlas en el camión que los transportaría a las tiendas.
Al cabo de un tiempo, una empresa de cerámica nos ofreció la posibilidad de participar en el proceso de fabricación de las piezas. Primero nos enseñaron. La empresa traía a la casa de las 17 mujeres grandes cubas con la pasta, que había que menear con un palo. También nos dieron los moldes, que se accionaban por la mitad, se cerraban con una goma fuerte y tenían una abertura en la parte superior. Era un trabajo más bonito y descansado que el de la granja de gallinas. Los moldes se llenaban de pasta. Había que esperar un tiempo determinado a que cuajase la parte exterior de la pieza (la que estaba en contacto con el molde) y luego el molde se vaciaba de la pasta sobrante para que la pieza quedase hueca, no maciza. Se abría el molde por la mitad, se sacaba la pieza y se ponía a secar en estanterías. Por último, con una esponja húmeda, se quitaban las manchas y las imperfecciones de cada pieza. La empresa venía a buscar las piezas acabadas y se las llevaba para cocerlas en el horno. Todo este proceso lo organizaba Carmen.
Las mujeres pensaron que yo no servía para este trabajo porque era demasiado lenta, y me pusieron como ayudante de cocina con Nati. A Nati no le hizo mucha gracia tenerme como ayudante. Prefería trabajar sola. Me destinó a pelar patatas y zanahorias, a cortar y lavar acelgas, alcachofas y otras verduras, así como a lavar las grandes ollas y sartenes que se necesitaban para hacer comida para tantas personas. Sin embargo, observando a Nati, aprendí muchas cosas de cocina.
(Continuará)
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